Miércoles, 8 de abril de 2026
Antes de emprender su largo viaje a Siberia, los cisnes descansan con fuerza sus alas sobre la fértil tierra de Hokuryu.
Hunden la cabeza profundamente en el lodo, lo recogen con sus picos junto con el barro y drenan hábilmente el agua mientras saborean cada grano caído, tragándolos con cuidado y afecto.
Además de los granos caídos, se dice que los cisnes son particularmente aficionados a las algas acuáticas, las raíces de la hierba y las raíces y tallos de las plantas de arroz silvestre.
Las bendiciones que brinda la naturaleza impregnan los cuerpos de los cisnes, convirtiéndose en la energía invaluable que sustenta su vuelo de larga distancia de 4.000 km hasta la lejana Siberia.
Los cisnes, con su presencia serena pero poderosa, parecen hablarnos de la grandeza del ciclo natural.
Es una escena hermosa pero efímera que anuncia la llegada de la primavera en Hokuryu.
◇ noboru y ikuko